«En el siglo XXI es inadmisible que no hayamos acabado con la pobreza»
La filósofa Adela Cortina (Valencia, 1947) desconfía de lo momentáneo, de lo pasajero, de lo coyuntural. Frente a las emociones, hijas de arrebatos, los sentimientos que se prolongan, se modulan, se cultivan. Ante la empatía, ese entender al otro de manera fugaz, la compasión, que no solo recoge el sufrimiento ajeno, sino que actúa para aliviarlo. De ahí el peso en su pensamiento de las virtudes, que comprometen a quien las esgrime. Su ética se fundamenta en la justicia y la persona, y defiende lo «felicitante» como aquello que genera felicidad auténtica al fomentar las relaciones humanas, la solidaridad y el desarrollo personal.